domingo, 13 de abril de 2008

A LA MIERDA

No es donde quiero que ustedes vayan, que va. Ni tampoco lo deseo para este señor de barbas rabíticas. Lo que arriba figura es el título de un poema del grandísimo Jesús Lizano. Me lo descubrió, como tantos otros, mi ilustre Sánchez Dragó y junto a Belén, que compartía conmigo el gusto de los negros sobre los blancos, asistimos a un televisivo recital de este barcelonés ácrata y lírico, que nos hizo reír como niños. Cada vez que veo una foto suya me viene a las mientes Walt Whitman (en el que ahora ando ganando el tiempo), lo primero, por sus barbas blancas y abundantes y lo segundo porque les creo de la misma estirpe: el canto a la vida y al cuerpo, su concepción de la poesía como arte declamado, su alegría, su positivismo, su ardor juvenil. ¡El verso sigue vivo!
Ah sí, lo olvidaba, a lo que estamos, ahí va esa rima:


A LA MIERDA
Mierda, yo te saludo complacido
cuando sales patética y caliente
luego de abandonar en el crujiente
y alimentado cuerpo tu sentido.
Nada, sin tu calor, se ve nacido
ni sin verse en tu espejo es inocente,
mierda, pues nuestro fin es tu presente,
desecho, no, sino vivir cumplido.
Es tu fermento el que transforma en huerta
un universo lleno de intestinos,
danza de lo cocido y de lo crudo,
porque sin ti la tierra es tierra muerta,
solos y muertos todos los caminos.
¡Mierda, madre común, yo te saludo!


Whitman canto las excelencias de todo el cuerpo incluso sus interiores pero eludió algo que ahora Lizano ensalza para nuestro deleite. Alabado sea.

miércoles, 9 de abril de 2008

A propósito de "2666"



2666 es una novela inabarcable de más de mil páginas escrita por Roberto Bolaño. Los que me conocen saben que siento predilección por este autor chileno que nos dejó en el 2003 a causa de un cáncer hepático que no trascendió en vida a los medios. Pero ahora 2666 es tambíén una obra de teatro gracias al esfuerzo de Pablo Ley y Àlex Rigola que han volcado la obra en una adaptación de más de cuatro horas.


Todavía no he leído la novela esperando unos mágicos días de ocio para entregarme a su lectura pero uno de mis acompañantes me aseguró que la obra de teatro es sorprendentemente fiel a pesar de la extensión del original. Esto me hace plantearme dónde están los límites del teatro porque al margen de si es buena o mala adaptación, el espectáculo al que asistimos en el Matadero de Madrid funciona, y es emocionante como pocos.
Uno asiste a una bola creciente en significados que se diseminan en diferentes tramas con un nexo de unión en común: Santa Teresa, una ciudad maldita de Méxco en la que en apenas 15 años han desaparecido más de 2000 mujeres entre las cuales 500 han sido violadas y asesinadas. La cuarta parte de la obra se sitúa en el desierto aledaño a la ciudad donde son encontrados los cadáveres. La fuerza de la propuesta es desgarradora, la mujer desnuda y moribunda, los gritos, los nombres sobreimpresionados, y las cruces rosas, las infinitas cruces que pueblan el desierto y que dan testimonio de la barbarie. El espectáculo es, entre otras muchas cosas, un tributo a los abusos que sufren las mujeres por hombres que no tienen rostro pero que son semejantes a nosotros, y no entes anónimos como la mafia o el cártel; el peor demonio, el mal, habita dentro del propio hombre.
A lo largo de las cuatro horas tenemos noticia de esporádicos episodios de la vida de Hans Reiter, un enigmático y legendario escritor alemán que solo aparecerá en la última parte. Cuatro críticos literarios tratan, al principio de la obra, de desentrañar el significado de su vida, mientras que nosotros lo hacemos a lo largo de la obra y quedará al final la sensación de fracaso, de no entenderlo completamente o de haber dejado pasar por alto algún matiz, quizá el sutil secreto que de sentido a su existencia. Ese es el secreto que andamos buscando continuamente en nuestras vidas, un detalle que quizás también se nos escape a nosotros.
La literatura de Bolaño parecía estar alejada de la vida, simple y llana, y más cerca de juegos de género, de historias deslabazadas de perdedores y perdidos, de la literatura referencial y también de autoreferencias; pero estoy convencido de que Bolaño trató precisamente de introducirse en ese terreno ignoto de la personalidad, de buscar en la profunda humedad de nuestra mente aquello que hizo que nos moviéramos, aquello que hace que nos estemos quietos. Cuando uno acaba de leer un cuento de Bolaño siente que está cargado de un sentido
magnético, a veces, difuso, como la atracción perturbadora que producen algunas fotografías en las que la extrañeza está unida a la cercanía más aterradora. Àlex Rigola rinde homenaje a los hijos y esposa del autor y a éste mismo, cuando al final de la obra se proyecta una enorme foto de Roberto Bolaño que arranca los aplausos enfervorecidos del público y me hacen exclamar como Javier Cercas hiciera en un artículo suyo: "¡Qué grande eres, Bolaño!"


jueves, 20 de marzo de 2008

En estos tiempos, Pániker.


Hace ya varios años que leí "Cuaderno Amarillo" y me cambio la manera de pensar. Pániker es un intelectual de los que hoy no quedan, un hombre del renacimiento. En él confluyen raíces hispánicas e indias por lo que en su pensamiento se aúnan oriente y occidente. Estudió ingeniería y economía en su juventud para hacerse cargo de la poderosa empresa de sus padres pero estaba tremendamente insatisfecho y varias veces tentó el suicidio. Poco a poco se fue inclinando hacia la filosofía, lo que ha dado sus frutos en numerosos libros.
En "Cuaderno Amarillo" se aúnan reflexiones, pensamientos y confesiones. No es un libro categórico pues Pániker reconoce su falta de motivación para escribir algo teórico y estructurado. Son pensamientos en torno a lo que llama la retroprogresión ( avanzar hacia el futuro pero volviendo la vista al origen) desde una prosa sencilla, lo que da como resultado un discurso lúcido que trata de enviar un mensaje positivo en la maralla ideológica de nuestro tiempo. Junto a estas cuestiones más sesudas aparecen juicios estéticos sobre la literatura y la música que le gustan y lo que es más sorprendente, y más morboso para los indiscretos, añade comentarios sobre su vida privada, su relación con las mujeres y el sexo. El volumen es una miscelánea, una suerte de diario vital en el que el autor se desnuda y desenmascara la verdad velada por los tópicos, arrojando luz sobre temas candentes (eutanasia, guerra de sexos, infidelidad) de una manera personal y nada academicista.
En suma, un ejercicio de libertad, recomendable cien por cien.

domingo, 13 de enero de 2008

Un autor capital

Todavía recuerdo aquella primera vez que me acerqué a Brecht en la edición de Clásicos de Nuestro Tiempo de Bruguera. Casi le hurté el libro a mi tía porque aún hoy lo tengo.
Mucho disfruté la lectura de sus canciones y poemas. Aquí un pequeño texto que en su momento disfruté enormemente y me acompaña siempre:

"Estoy sentado al borde de la carretera
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy
¿Por qué miro el cambio de rueda con impaciencia?"

viernes, 21 de diciembre de 2007

El maestro...

"¡Ay!, decía el ratón. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí, en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.
Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha, dijo el gato, y se lo comió."

Franz Kafka

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Vienes de confesarles tu nombre
y quieres morir aquí.
Vienes de acostarte con todos
y pretendes que yo te entierre.
Vienes y me dices que me olvide
y que te quiera;
y que no mire a los árboles cuando me hablas.
Y aunque sabes que aceptaré, al menos
cuando abres la boca miro afuera para hacerme fuerte,
para que vuelva la vida por mis ojos
para saber que miro y siento, y no solo
amo a quien llega y me lo pide.

Un cometido

Ya voy cargando la escopeta y no lo quiero. A traición busco la esquina donde esconderme.
La espero con furia mientras digo no con los dientes apretados.
A la fuerza voy a disparar a una muchacha con cesta de mimbre bajo el brazo.
Avanzo tras la espalda de quien yo más quiero, por eso busco el frente y que me vea si le disparo.
Y ya van gritando sus venas hacia el cielo.
En el suelo yace mi niña y mi te quiero.
La fruta rueda calle abajo.
Hay un perro que ladra asustado y la gente se echa encima para ver las dos rosas de pólvora en el pecho.