miércoles, 14 de septiembre de 2011

TORRES ARDIENDO MÁS ALLÁ DE ORIÓN

Hace diez años conducía un Fort Scort rojo de mi padre que tenía más de quince años. Vivía en Cáceres en un piso de la calle Médico Sorapán con unas vistas muy feas pero con una luz especial. Veía a mis padres cada quince días y les contaba muy poco de mi vida. Cuando iba a la casa del pueblo, escondía el tabaco en una caja de zapatos encima del armario. Los sábados devoraba el suplemento cultural de El País y por las noches me daba por no salir. Tenía una novia que no quise como debía aunque fui franco con ella, quizá más que con nadie. Me repartía entre varios grupos de amigos. Por aquella época empezaba a darme cuenta de que todo iba para abajo y de que mucho me iba a costar enderezar el asunto. Sigo sin saber cómo hacerlo.

El once de Septiembre de 2001 tomaba unas cañas en el bar La Giraldilla de Cáceres junto a mi exnovia y un amigo de instituto, de curioso apellido para lo que viene al caso, Torres. Recuerdo que los tres habíamos salido de hacer un examen de Septiembre cada uno en su carrera. Mi amigo había hecho un buen examen de Materiales o alguna asignatura del estilo. Mi ex no había contestado a todo en su examen de magisterio infantil pero no le importaba mucho porque ya sabía que esas cosas carecían de importancia. Lo mío era algún derecho, puede que mercantil, y no sé muy bien si no me presenté o hice un examen mediocre, o un examen aceptable pero desde luego en ningún caso un buen ejercicio porque me recuerdo postrado en la barra mirando la tele colgada en la esquina del techo mientras mis acompañantes no paraban de reír.

El camarero echó una ojeada a la tele cuando me vio tan embelesado. En la pantalla las Torres Gemelas echaban humo mientras las letras corrían a toda velocidad por debajo dando detalles reales o inventados sobre el incidente. El locutor, Matías Prats, dijo que se habían incendiado. De primeras me pareció espectacular y después extraño. Mis amigos se reían comentando algo, entonces pedí un poco de silencio porque aquello era tan extraño y tan espectacular que merecía un poco de atención pero ellos parecían tener asuntos más importantes que atender y Torres le pidió con sorna al camarero que andaba trajinando en la cocina si hacía el favor de grabarme las imágenes ya que me interesaban tanto. Entonces soltó una carcajada y todos se rieron con él, yo también sonreí pero seguí mirando aquellas imágenes esperando no sé qué. Recuerdo que comíamos salchichas con salsa brava, recuerdo que me fui de vuelta a mi pueblo solo, en el Fort Scort rojo. Recuerdo que fue un viaje agónico porque no tenía radio en el coche o estaba estropeada y por aquel momento ya intuía que aquellas torres no podían haber echado a arder por cualquier cosa. Recuerdo también que aquellas imágenes reales me parecían casi una película. Por la tarde o al día siguiente, compré como cinco o seis periódicos con la noticia en portada y los devoré sabiendo que aquello era horrible pero al mismo tiempo histórico. Una sensación extraña.

Hace un par de años quise volver a verlos y no estaban en el trastero. Le pregunté a mi madre y dijo que quizá los tuviera mi abuela. Cuando subí a verla estaba blanqueando la pared del corral y para que las gotas no salpicaran el empedrado había cubierto el suelo con un montón de torres ardiendo.

martes, 13 de septiembre de 2011

DEL OTRO LADO

Acudí a menudo a las manifestaciones que el 15-M convocó en Sol. Asistí a varias asambleas. Colaboré en alguna comisión. Sin ser un defensor enconado y ciego del movimiento, defendí y defiendo sus efectos positivos en muchos jóvenes (entre los que me incluyo) que estábamos desencantados con el bipartidismo anestésico que nos gobierna (culpa de los políticos) y con el hastío que la corrección política y la sociedad del bienestar ha metido en nuestras venas (culpa, sobre todo, nuestra). Desde hace unos meses me veo con frecuencia en la situación de hacer ver las bondades del movimiento que, por otro lado, me parecen obvias, así como he de contrarrestar la enorme cantidad de descalificativos que nos llevamos aquellos que creemos que de aquí pueden salir más cosas buenas que malas.

Aún así he leído con provecho el artículo que Gregorio Peces-Barba publica hoy en la Tribuna de El País porque me parece oportuno dar pábulo a la defensa de la postura contraria, sobre todo si es con criterio, aunque de tan indignado como está con los indignados del 15-M pierda un poco de claridad y atribuya al movimiento más acusaciones de las que hizo o, por error, generalice tanto como el primer ministro británico al condenar a los "inciviles" causantes de las revueltas en Londres. No me veo en posesión de la superioridad intelectual que nos atribuye el catedrático pero con todo lo corto que soy he de reconocerle sus aciertos, sobre todo a la hora de limpiar una transición que, lejos de ser perfecta, no se merece toda la mierda que en la actualidad se le está echando. Leánlo porque hace replantearse la postura de cada uno y eso siempre es bueno.

De pasada cierra el artículo con un perfil de los próximos candidatos a la presidencia del gobierno y si bien se queda corto con Rajoy, al que ve más inofensivo de lo que puede llegar a ser, manifiesta una fe infinita en el candidato socialista y no le atisba ni un puntito lo siniestro. ¿Será que soy un mal pensado?

viernes, 5 de agosto de 2011

LA CASTA POLÍTICA

Este artículo de Juan Benet habla de cómo la política tiende a "progresar", lo que entraña una deriva absurda y peligrosa. Se escribió hace treinta años y en esas estamos.

HAY DÍAS Y DÍAS

Hoy ha sido un día especial por tres razones:

Uno. He vuelto a ir a un espectáculo de Santi Senso.

Dos. Me he reencontrado con un Jose (o José o Jota o Potar o José Jesús o Chechulo) que hacía tiempo que no veía.

Tres. He leído una pintada en la pared de mi casa que me ha gustado y que no he fotografiado porque la cámara de mi móvil está k.o. Un empleado municipal la estaba limpiando sin éxito: "Inmigrantes, por favor, no nos dejéis solos con los españoles".

lunes, 25 de julio de 2011

CONFIAR DEMASIADO EN UN ESTILO DE MÚSICA

Por Dios, que dejen de organizar batukadas cada vez que la gente se reúna por cualquier motivo. Son una plaga. Es absurdo. ¿Por qué no cantan flamenco, o gregoriano, o se acuerdan de danzas autóctonas de la siberia, o hacen teatro kabuki? El tema roza un poco el esperpento, además me resultan tremendamente antipáticas. El abuso siempre es malo.

jueves, 14 de julio de 2011

Hubo una noche en que estuve sentado con vosotros al fondo del parque y reíamos mirando el cielo y fue lo más cerca que estuve de la felicidad o de la tranquilidad o del equilibrio

- Mira, ésa ha iluminado el cielo entero

y yo quería ser la estrella que vimos, una pura incandescencia que atraviesa el tiempo quemando el polvo que la rodea. Esta mañana el cielo estaba claro y sólo había una nube pinchada en una antena. Deberían llover lágrimas el día que pedimos perdón. Perdonad la arrogancia con que os traté y cómo os fui negando, sacudiéndome uno a uno como polvo en el camino, mientras yo me hacía grande y me levantaba sobre mí mismo y me convertía en lo que siempre había deseado. Mi madre a la salida del cole

-Ten cuidado con lo que quieres ser, porque lo conseguirás

soy un conjunto de cadáveres, un collar del que penden cuidadosamente cada uno de vuestros afectos ya secos y fosilizados. Un collar que luce espléndido en mi cuello. Pero todavía recuerdo

- Ves, la Osa Mayor es aquella

sentado en ese parque pequeño o grande en el que había voces en los arbustos que susurraban lo felices que éramos. Pero ahora no sé quién soy. Me gusta pensar que estoy repartido en cada uno de vosotros: mi brazo contigo, Manuel, mi nuca en la cama de Laura, mi tobillo y mis uñas con María, mi boca en tu piel, Alejandro, mi lengua en aquella chica extranjera que una vez me amó, mis pulmones en Tomás, los agujeros de mi nariz por los que tan mal respiro

(sniff, sniff)

en los zapatos de Adriana, mi corazón en una buhardilla, picoteado por un pajarito que lo toma de alimento, mi ombligo lo guardas tú, Mamá, no lo olvido. Mi nombre es Legión. No tengo apellidos.

Al final de la tarde han caído unas gotas. Entro en casa y dejo el pájaro triste del paraguas en la puerta. Me preparo para la noche, para recibirla solo ahora que lo merezco. Me gusta disfrutar de esta culpa de haberos ignorado pensando que podía prescindir de vosotros. Me he convertido en lo que quería, lo hice de una manera perfecta, como cuando dibujaba aquellas circunferencias con el compás

- Muy bien, hijo mío

Ahora tengo una pelota chiquitita (tan redonda como las de clase de gimnasia) en algún lugar del estómago. Es increíble que una cosa tan pequeña como una estrella

- ¡Mirad, mirad, esa sí que brilla!

me esté destruyendo de manera tan dulce. Ya no sabéis quién soy, nada de mí queda en vosotros. Aquel parque que no era la felicidad, ni la infancia, ni la amistad, sino el lugar al que siempre debí llevaros y nunca lo hice, está ahora delante de mis ojos

- Y mis ojos están contigo, ¿recuerdas?

Ahora que me rodeáis, ahora que es de noche, os pido disculpas por última vez. Palabra de honor que deberían llover lágrimas el día que pedimos perdón.

sábado, 25 de junio de 2011

De lo que no cicatriza

"Las heridas son una parte fundamental de la vida y, a menos que uno no esté herido de alguna forma, jamás se hará hombre."



Paul Auster

El problema está en arrastrar una herida que no es la tuya. Ni siquiera es una herida que quieres. Si todos, para ser hombres, debemos cargar con la nuestra podríamos elegirla al menos. La mía no me gusta. Hubiera querido otra.