martes, 3 de febrero de 2009

Marilyn se embarca a Manaus para nunca más vivir

Otra noche con Dragó después de tanto tiempo. Esta vez por Internet. Hubo dos invitados, uno tras otro. Y otra vez que he salido tocado del programa.
El primero ciertamente estuvo bien por el tema que se trató, que me encanta, aunque el escritor en sí, Ignacio Carrión no pasaba de discreto. Una nueva biografía de Marilyn, personaje por el que me obsesioné mucho antes de que muchos se obsesionaran y sin apenas tener juicio de razón y cuando todavía no miraba a las mujeres con ojos sexuales y todo eso. Aunque tampoco han dicho nada que no supiera, ha estado bien recordar algunos de sus episodios. En verdad, una mujer impresionante. Concluye el autor que confía más en que la asesinaron: "todo el mundo estaba de acuerdo en que les venía muy bien que ella se suicidara". Una leyenda, pero sobre todo una increíble muchacha tan hechizante pero al mismo tiempo tan frágil que hace pender de un hilo a cualquiera que se acerque a ella.
Lo importante ha pasado en el segundo. No sé cómo será el escritor, pero este Sergio Berrocal, nacido en Tetuán, me ha dejado impresionado, la persona digo. Sobre todo porque he visto a un hombre que está, y lo digo en serio, a punto de suicidarse, o lo que es peor, que se da por muerto el resto de sus días porque no tiene valor para hacerlo. A Dragó le ha costado reconducir la entrevista a otra cosa que no fuera la muerte y lo desdichado que es el autor. Todo esto contado sin el más mínimo atisbo de pena, imagínenlo por Dios, contado como quien se está tomando un café y diciendo claramente lo que hay, lo que ha sido su vida, lo que es. De esto trata su última novela, "Último vuelo para Manaus". Ya comenzó esta suerte de narraciones autobiográficas con una primera novela y lo cuenta así:
"Claro, todo esto comienza con la historia esa que conté hace tiempo en aquel libro, que surge cuando una muchacha se pega un tortazo con un coche, y nada, y muere, lo malo viene cuando me entero de que esa muchacha es mi hija. Y yo desconocía que tenía una hija, lo descubro después del accidente, cuando ya no puedo hacer nada para recuperarla..."
Él sigue narrando varios episodios de su novela - de su vida, y concluye que hay muchos valientes que se suicidan. Que de verdad, de verdad no cree que se suiciden los tontos, no, no, que va. Y dice otros argumentos que te dejan tiritando. Y Dragó le pregunta que si él ha estado tentado como el personaje de su novela que se asoma al balcón de una habitación de hotel en Brasilia. Y Sergio dice que sí, que ha estado allí dos veces y que estuvo a punto de hacerlo las dos, pero que la vista desde el hotel sobre la ciudad de Brasilia es preciosa con el lago Paranoa allí abajo, y al final no lo hizo no sabe porqué, quizá por eso. Lo ha dicho con una tristeza infinita, pero puedo asegurar que lo ha contado con la mayor simpleza del mundo, sin cargar las tintas, sin dar pena, sin remedos literarios. Puede que un poco pero ínfimo, porque por mucho que uno quiera desnudar estas afirmaciones dichas con esa sobriedad no puede hacerse sin que resulte poético. La cuestión es que en absoluto lo ha hecho por eso. El caso es que Dragó ha tratado de reconducir, con sonrisas incluso, pero era demasiado evidente el estado de ese hombre. Han hablado de otras cosas, muchas interesantes. Y el hombre proseguía:
"El problema es que hay un momento en que las cosas acaban. Es así, no hay que darle muchas más vueltas, podemos ponernos como queramos, tú, Dragó, seguramente no piensas lo mismo pero hay un momento en que todo termina. Y después de eso uno tiene que decidir qué hacer, si seguir varado o acabarlo todo de una vez: con cicuta, o con whisky o con lo que sea. Esa es la realidad, aunque algunos se empeñen."
Dragó relaciona su novela con algunas películas de cine. Y Sergio Berrocal añade que sin el cine no hubiera podido seguir viviendo, que hay películas que te devuelven la vida, como las de Frank Cappra (ese que todo lo terminaba en final feliz) pero que hay que ser muy valiente para hacer eso, “que hay que ser muy macho”, no es tanto cuestión de ingenuidad.
"Las películas... el cine clásico... es que la gente no sabe lo que tiene!"
Es importante que todo esto lo vean desnudo de intenciones porque así lo ha dicho este hombre. Ha hablado, no ha especulado, ni era algo que se tuviera preparado. Ni siquiera se considera escritor, se hace llamar "escribidor"; los escritores son otros.
Hablan de Hemingway que también se suicidó cuando vio que todo había terminado y de otras cosas. El entrevistado asegura que su vida ha sido un desastre, repleta de errores. Dragó le habla de las tres ciudades- infierno (completa Sergio con el segundo sustantivo) que han determinado su vida: Brasilia, La Habana y París, algunas temporadas en Sevilla y una noche en Granada, a lo que el escritor contesta "ah, sí, una noche en Granada", lo que hace pensar a Dragó y al espectador en una mujer que de alguna manera le desgarró. En muchas entrevistas ha declarado estar “varado”, parado completamente, inmóvil. Él vive ahora en Fuengirola.


"Imagínate, vivo en el fin del mundo. Es un pueblo maravilloso, que antes era de pescadores, y ahora es de turistas, pero es el fin del mundo. Más allá solo está el mar y más allá África, y qué hago…¿vuelta a empezar?."
Él nació en Tetuán, y de allí comenzó una huida que duró toda su vida. Empezó casándose con una prima a la que adora (y todavía sigue siendo su mujer), se le acusó de adulterio por su entorno por lo que tuvieron que salir huyendo si mal no recuerdo. Tuvo un padre absolutamente recto, militar, al que los propios moros llamaban "Capitán Veneno".
"Durante la mayor parte de mi vida lo odié, ahora creo que lo quiero un poco. Fue un hombre muy guapo."
"Pero de verdad crees que estás varado!?”, repite Dragó., "Claro que sí, Fernando, claro que sí. Esperando que llegue el último barco."
Su novela, le dice Dragó, "es una tragedia griega y es también un viacrucis. Un viacrucis con diez capítulos. Jesucristo vivió catorce, por lo que te quedan cuatro más, Sergio (risas, como queriendo quitar importancia haciéndole un guiño). Te quedan varias novelas por escribir, al menos cuatro."
Contesta el escritor, "Así sea como dices, la cuestión es que yo soy un tipo demasiado poco importante. Jesús, se crea o no en él, eso no lo sé, fue grandioso, hizo que creyéramos en algo, nos transmitió ilusión... llevamos veinte siglos con lo mismo, y él sigue ahí colgado en una cruz...por eso tuvo catorce, yo no llegó a eso ni en broma. Yo me quedé en diez".

1 comentario:

guardiola dijo...

Sergio Berrocal es el tipico tio con el que te vas a los carnavales de Badajoz y te lo pasas de puta madre.